Pablo Fuentes / CUBA (del 4 de abril al 2 de mayo)

“Poco después de poder ver somos conscientes de que también podemos ser vistos.”

Tras un viaje por Estados Unidos, el instinto de Pablo Fuentes le llevó a Cuba en 2010.

Puede parecer que la decisión fuera arbitraria, fortuita. Sin embargo, al observar las imágenes captadas, resulta difícil creer que no fuera fruto de la intuición, quizá no consciente pero sí voluntaria.

Sigue en su búsqueda de la ciudad como naturaleza muerta que han destacado otros autores en sus anteriores trabajos, pero ampliando esta vez la temática de sus paisajes, a los campos cubanos, atendiendo en cada escenario a esa luz que él define como especial, constante, sin cambios drásticos, pero que matiza a cada instante la atmósfera que le rodea.

Si la subjetividad del fotógrafo es intrínseca a la profesión, la permeabilidad de Pablo a las particularidades de los lugares que recorre, se hace evidente en este viaje por una Cuba urbana y rural, donde presente y pasado se confunden con facilidad, y en la que la imagen de un instante fugaz en la vida de sus habitantes, se combina necesariamente con el momento en el que son conscientes de nuestra presencia.

El testimonio de Pablo no es indiferente, sino que pasa a formar parte activa en sus fotografías, se hace visible en la composición.

En Cuba cobra sentido pleno la frase de John Berger. Vemos y somos vistos. La cámara capta miradas y sonrisas deseosas de ser captadas. El carácter irremediablemente sociable de la población, determina la relación del fotógrafo con sus modelos. Se acorta la distancia entre espectador y retratado, creando un juego de protagonistas donde se difumina el papel principal.

En sus retratos, no nos sentimos ajenos a la experiencia, sino que podemos apreciar la calidez que desprende cada uno de sus personajes, la tranquilidad con la que se detienen a devolvernos la mirada. Y por un instante, somos partícipes de una calma ajena al ritmo frenético de nuestras ciudades.

A través de una treintena de obras, Pablo Fuentes, invita a los espectadores a sumergirse en ese raro equilibrio que desprende la realidad cubana. Realidad que se hace visible al ser percibida por el objetivo de su cámara, y que cobra pleno sentido ante nuestras miradas. Desde el 4 de abril en Trentatres Gallery.

Irene Vivas (Valencia, 2 de Abril)
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